8 consejos prácticos sobre ergonomía
Bueno, parece que hemos dejado atrás la pandemia de la Covid 19, pero no así sus consecuencias, algunas positivas y otras no tanto. Entre ellas nos encontramos con la generalización del teletrabajo, que tuvo su máxima expresión durante aquellos tiempos que parecen ya lejanos, pero que llegó para quedarse. En algunos sectores ya lo conocíamos, pues la traducción suele realizarse en un elevado porcentaje de los casos en esta modalidad. Pero también la interpretación se ha visto impactada por el teletrabajo y, una vez superados los tiempos de los eventos en remoto, parece que la interpretación remota también empieza a ser simplemente una alternativa a la presencial sin que haya condicionantes sanitarios que lo motiven.
Pues bien, aunque siempre he prestado atención a la ergonomía en el trabajo, muy recientemente estoy empezando a darle más importancia (esta pulpa empieza a tener ya sus achaques en los tentáculos y una inoportuna tendinitis en el brazo derecho le ha obligado a actualizarse en algunas cuestiones… serán cosas de la edad, me temo) y quería compartir algunas averiguaciones y cambios que he realizado en mi puesto principal de trabajo porque considero que pueden resultar muy útiles para personas que teletrabajan o que se pasan muchas horas delante de un ordenador. El océano es inmenso y seguro que hay más pulpitos por ahí padeciendo dolores más o menos graves.
Pues estas son mis reflexiones y consejos, una por tentáculo, para no perder las buenas costumbres:
01.
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La silla. Vamos a ver, hablar de la importancia de una buena silla para trabajar no es que sea una revelación trascendental, a nadie se le escapa que la comodidad en el trabajo nos ayuda a rendir más y mejor, pero ¡ojo!: comodidad no siempre equivale a ergonomía. Yo también estoy muy cómoda retrepada en mi sillón favorito del salón, pero eso no significa que la postura me ayude a la hora de trabajar. Es importantísimo invertir en una buena silla que nos ayude a mantener la postura correcta ante la pantalla para evitar la tentación de repanchingarnos sin ton ni son y adoptar posturas que con 20 años no pasan factura, pero que sí lo hacen tras 20 años de trabajo continuado ante un ordenador.
Son varios los aspectos que podemos tener en cuenta a la hora de elegir la silla adecuada (para mí es fundamental que se pueda regular en altura, que tenga ruedas que se desplacen bien y que me sujete los riñones, aka músculos dorsales), pero, indudablemente, lo mejor es probar y no escatimar en gastos, dentro de un orden. En mis casi 25 años dedicada a la traducción e interpretación he utilizado 3 sillas (la primera, buenísima y carísima, que duró impecable 20 años) y creo que es una de las mejores decisiones que he podido tomar. La segunda que compré fue un poco fiasco, pero tengo plena confianza en jubilarme sentada en la tercera que estoy utilizando.
02.
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La mesa. Puede parecer menos importante, pues no es más que un tablero con patas, pero yo le doy muchísima importancia a este otro esencial del despacho. ¿Qué es lo más importante, en mi humilde opinión? Yo necesito que tenga un buen fondo para poder colocar las pantallas (sobre ellas voy a escribir enseguida) a la distancia adecuada para no dañar la vista en exceso y también que tenga la largura suficiente para poder disponer de todos los cachivaches que uso mientras traduzco de manera cómoda, accesible y ordenada. Trabajo con doble pantalla (a veces, hasta triple cuando incorporo una tableta), el teléfono fijo y el móvil, diccionarios en papel (que son voluminosos y pesados), cuadernos de notas, un flexo (también comentaré este como otro elemento de la ergonomía en el puesto de trabajo) y todo tipo de material de papelería que me gusta tener a mano (sellos para traducciones juradas que hay que entregar en papel, grapadora, clips, calculadora, etc.), además del equipo multifunción para imprimir, copiar y escanear. Así que dedica un tiempito para una reflexión larga sobre lo que vas a necesitar al alcance de la mano en tu puesto de trabajo para elegir el escritorio que más te convenga y mejor se adapte a tu espacio. Si te lo puedes permitir (por presupuesto y por espacio), huye de las soluciones «compactas». Piensa también en el material del que esté fabricado el escritorio (el cristal, por ejemplo, es bonito y aporta sensación de amplitud, pero es frío para trabajar y requiere pasarle el trapo constantemente para borrar las huellas). Yo me decanto por la madera, pero esto ya es cuestión de gustos, tanto estéticos como funcionales.
03.
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La (o las) pantalla(s). Ya he adelantado que trabajo con doble pantalla. Hará cosa de 3 o 4 años que me decanté por esta configuración de trabajo y no le veo más que ventajas. Me permite tener abiertos varios programas a la vez que uso con frecuencia (el correo electrónico, el programa de gestión de proyectos, el navegador de Internet, etc.) y los documentos que esté traduciendo o consultando en ese momento. Cambio de una a otra con total naturalidad y no tengo que estar abriendo y cerrando pestañas. Cuando te pasas muchas horas al día escribiendo y leyendo en una pantalla, cualquier pequeña ayuda a la eficiencia es muy de agradecer, pues los tentáculos están casi siempre pulsando teclas a toda velocidad…
También es muy útil para la interpretación remota, pues en una puedes tener la visión de la reunión o evento que estés interpretando y en la otra puedes consultar glosarios, diccionarios en Internet u otros recursos o tener un chat privado con el o la compañera de cabina (remota).
Hay varios aspectos que tener en cuenta a la hora de disponer las pantallas en la mesa. Las leyes de la ergonomía en puestos de escritorio (no lo digo yo, lo dicen ellas) son tajantes en cuanto a la distancia y orientación de la pantalla: justo delante del teclado, con la parte superior a la altura de los ojos, ligeramente inclinada hacia delante y a un brazo de distancia. Casi nada… Si utilizas dos pantallas, lo único que tienes que hacer es ponerlas pegaditas, centradas y un poco hacia adentro (no mucho, lo justo para que dé una leve sensación de pantalla curva). Asegúrate de que el brillo, contraste y otros parámetros sean idénticos en la configuración de ambas pantallas.
04.
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El ratón. Este ha sido uno de los últimos cambios introducidos en mi configuración de puesto de trabajo. Hace poquito que he adquirido un ratón vertical o ergonómico y parece que ha sido una buena inversión. No es un periférico excesivamente caro, aunque, en comparación con sus primos los tradicionales, sí puede triplicar o, incluso, cuadriplicar su precio. Pero, a cambio, conseguirás una posición mucho más natural de la mano durante su uso, pues te obliga a hacer el gesto del apretón de manos (suavecito, no uno de esos firmes que das cuando quieres transmitir seguridad en ti misma) y parece que todo eso redunda en beneficios para el túnel carpiano y los tendones que dan los problemitas conocidos como «codo de tenista». Cuesta un poco acostumbrarse al nuevo agarre, pero, una vez superados los dos primeros días, es pan comido. Recomiendo acompañarlo de una alfombrilla de ratón con reposamuñecas acolchado para que ya la sensación de comodidad alcance la excelencia.
05.
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El teclado. Otro periférico ergonómico de reciente incorporación a mi rutina. He de reconocer que es probablemente el artilugio al que más vueltas le he dado. Y es que el océano de los teclados sí que es profundo… que si mecánico, que si de membrana, que si slim, con cable, inalámbrico, de gaming, retroiluminado, ergonómico (con o sin teclado partido) … vamos, como para llenar un mar de lágrimas ante semejante travesía. Yo he sido durante muchos años usuaria de teclados de gaming porque me gusta el teclado mecánico (aunque haga mucho ruido), que es más rápido para escribir y también me ofrece mejor tacto en las yemas de los dedos para así no tener que mirar (casi) nunca las teclas. También me gusta que el teclado pese porque así no se mueve de la mesa y, bueno, que soy un poco aplastateclas y necesito cierta robustez. Pero me pasa que tengo que cambiar con relativa frecuencia de teclado porque, entre otras cosas, se me borran las teclas o, como ha ocurrido la última vez, se ha quedado enganchada una letrita y no había arreglo posible. Pues, aprovechando que tenía que volver a comprar teclado y que el codo de tenista me está dando más guerra de la esperada, me he topado con un teclado ergonómico con el que estoy encantadísima. No voy a hacer publicidad gratis, pero sí diré que es un teclado que hace ondas para que los dedos puedan pulsar las teclas de forma más natural e incluye la almohadilla para las muñecas. Todo un hallazgo del que estoy orgullosísima. No he tenido que recurrir a los teclados partidos que requieren cierto aprendizaje para su uso, pues la distribución de las teclas es exactamente igual, solo que están más cerquita, por así decirlo, de los dedos más cortos. A fecha de hoy, encantadísima con el descubrimiento. Yo lo he elegido inalámbrico porque me molesta que haya cables por encima de la mesa, pero eso ya va en gustos (hay quien odia tener que estar pendiente de las pilas o la recarga de la batería).
06.
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El flexo. La luz que nos ilumina el camino… hay túneles oscuros y caminos pedregosos en depende qué textos o discursos, pero nada como un flexo que te permita ajustar los niveles de intensidad e incluso el color de la luz para que el trabajo resulte infinitamente más cómodo. Y, por supuesto, los ojos acabarán agradeciéndolo. Además, con tener bien iluminado el espacio de trabajo es suficiente… no necesitamos tener una habitación semejante a una central nuclear para producir en condiciones. En el mercado los hay para todos los gustos, más funcionales, más decorativos, más grandes, más pequeños… pero que permitan regular la intensidad y el color.
07.
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Los auriculares. Son una herramienta esencial para los trabajos de interpretación, de eso no hay duda. Dejando de lado las funcionalidades técnicas (cancelación activa y pasiva de ruido, control de volumen integrado, etc.), para mí hay un aspecto fundamental y muy relevante para esta entrada del Octoblog que nos ocupa: la comodidad. Debe ser que tengo unas orejas un tanto peculiares, pero a mí me ha costado bastante encontrar unos auriculares que no me ocasionen dolor en los propios cartílagos. Para una videoconferencia, una sesión de asistencia técnica en remoto o circunstancias por el estilo nos apañamos con cualquier cosa, pero una jornada de interpretación simultánea, ya de por sí exigente y extenuante, con unos auriculares que te machacan las orejas (físicamente, ya no hablo de los oídos) puede convertirse en una pesadilla de la que resulte complicado despertar. Un pulpi-consejo: no inviertas un dineral en unos auriculares sin probártelos. Que no te aprieten, que no te molesten, que te permitan un ajuste adecuado (además de las características técnicas que necesites para sacarles todo el provecho).
08.
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Los tentáculos de Nekane Says. Como aquí nos preocupamos por la ergonomía que, a la larga, se traduce (nunca mejor dicho) en eficiencia, te aseguro que con Nekane Says tendrás garantizado un servicio ágil y eficiente para aquello que precises y que cuidará con mimo de tu texto o discurso para que el resultado satisfaga tus expectativas. Siempre trabajamos con profesionales con titulación, especialistas y personas nativas de la lengua de llegada. No dudes en ponerte en contacto a través del formulario de contacto de la página de inicio.