8 cosas que deberías preguntarte antes de encargar una traducción

Escritorio con checklist para proyecto de traducción

Hay una frase que quienes nos dedicamos a la traducción escuchamos con frecuencia:

«Necesito traducir este documento. ¿Cuánto cuesta?»

Y es una pregunta perfectamente lógica.

Pero hay otras ocho preguntas que conviene hacerse antes de llegar al precio. Porque una traducción profesional no empieza cuando el traductor abre el documento. Empieza mucho antes: cuando se define qué se necesita, para quién y para qué. Así que hoy saco los ocho tentáculos del pulpo para ayudarte a encargar una traducción con todas las garantías.

¿Quién va a leer la traducción?

No es lo mismo traducir un informe financiero para un consejo de administración que una página web dirigida a clientes potenciales. Tampoco es lo mismo un manual destinado a técnicos especializados que un folleto pensado para el público general.

El destinatario determina el lenguaje, el tono, el nivel de especialización y hasta las decisiones terminológicas.

Una buena traducción no solo debe decir lo mismo que el original. Debe conseguir que el lector de destino reciba el mensaje de la manera adecuada.

¿Para qué necesitas la traducción?

Esta pregunta parece obvia, pero puede cambiarlo todo.

¿La traducción es para información interna?
¿Para presentar documentación ante una Administración?
¿Para vender un producto?
¿Para publicar en una web?
¿Para participar en una licitación?
¿Para utilizarla en un procedimiento judicial?

El propósito del texto condiciona la estrategia de traducción.

Y, en determinados casos, también determina qué tipo de profesional necesitas.

Por ejemplo, si el documento debe presentarse ante un organismo oficial, quizá no necesites simplemente una traducción: quizá necesites una traducción jurada.

¿Necesitas una traducción jurada?

Aquí conviene detenerse.

Una traducción jurada no es simplemente una traducción “más oficial” ni una traducción normal a la que se añade una firma.

Es una traducción realizada por un profesional habilitado para certificar su carácter oficial, siguiendo los requisitos correspondientes.

Títulos académicos, certificados, documentos registrales, determinados documentos administrativos o documentación para procedimientos internacionales son algunos de los casos en los que puede ser necesaria.

Antes de encargarla, asegúrate de que realmente necesitas una traducción jurada y de cuáles son los requisitos del organismo que va a recibirla.

Porque traducir el documento equivocado con el formato equivocado también es una forma bastante cara de aprender.

¿A qué país va dirigida?

«Traducir al inglés» puede ser el principio de una conversación, no necesariamente el final.

¿Inglés británico? ¿Inglés estadounidense? ¿Otro mercado?

Y no solo hablamos de vocabulario.

Las convenciones de fechas, unidades, formatos numéricos, terminología jurídica o administrativa y referencias culturales pueden variar según el país y el público destinatario.

El idioma de destino es importante. El mercado de destino lo es todavía más.

¿Hay terminología específica que debamos conocer?

Si tu empresa trabaja en un sector especializado, probablemente tenga su propio idioma.

Y no me refiero solo a palabras técnicas.

Puede haber nombres de productos, servicios, departamentos, procesos, organismos, acrónimos, convenciones internas o términos que la empresa utiliza siempre de una determinada manera.

Por eso es muy útil proporcionar al traductor:

  • glosarios existentes;
  • traducciones anteriores;
  • manuales de estilo;
  • documentación de referencia;
  • nombres oficiales de productos o servicios;
  • cualquier otra información que ayude a entender el contexto.

Un buen contexto puede ahorrar muchas preguntas y mejorar muchísimo el resultado final.

¿Necesitas que se mantenga el formato?

A veces el cliente piensa que está encargando “un texto de 5.000 palabras”.

Pero resulta que esas 5.000 palabras están dentro de:

  • una presentación de PowerPoint,
  • un PDF maquetado,
  • una tabla de Excel,
  • una página web,
  • un catálogo,
  • un manual técnico…

Y entonces aparece el tentáculo del formato.

La traducción y la maquetación son trabajos diferentes, aunque puedan formar parte del mismo proyecto.

Por eso conviene especificar desde el principio qué archivos se entregan, en qué formato y qué resultado final se espera.

Así evitamos que el famoso «solo son 5.000 palabras» se convierta en una pequeña criatura marina de varias cabezas.

¿Cuál es el plazo real?

«Lo necesito para mañana» es una unidad de medida bastante poco científica.

Para establecer un plazo realista hay que tener en cuenta no solo el número de palabras, sino también:

  • la dificultad del texto;
  • la especialización;
  • el formato;
  • la necesidad de documentación o investigación terminológica;
  • posibles revisiones;
  • maquetación;
  • y, por supuesto, la disponibilidad del traductor.

Si el proyecto es importante, cuanto antes se consulte el plazo, mejor. Y si existe una fecha límite inamovible, decirla desde el principio permite valorar la viabilidad del proyecto y organizar los recursos necesarios.

¿Has elegido al profesional adecuado para ese trabajo?

Llegamos al último tentáculo. Y quizá al más importante.

No todas las traducciones requieren el mismo perfil profesional.

Para determinados proyectos puede ser fundamental contar con experiencia en:

  • traducción jurídica;
  • traducción económico-financiera;
  • traducción técnica;
  • traducción jurada;
  • interpretación;
  • determinados sectores o mercados.

El precio es un factor importante, por supuesto.

Pero no debería ser el único criterio.

Una traducción incorrecta puede generar mucho más coste que una traducción profesional: correcciones, retrasos, problemas de imagen, documentación rechazada o incluso consecuencias legales.

Por eso, antes de preguntar únicamente «¿cuánto cuesta?», quizá merezca la pena preguntar:

«¿Qué profesional necesito para que esto quede bien?»


En resumen: antes de traducir, hay que entender

Una buena traducción comienza mucho antes de la primera palabra traducida.

Empieza con preguntas.

Quién va a leerla.
Para qué sirve.
Dónde se va a utilizar.
Qué requisitos tiene.
Qué terminología necesita.
Qué formato debe conservar.
Cuándo debe estar lista.
Y quién es la persona adecuada para hacerla.

Porque traducir no consiste en cambiar palabras de un idioma a otro, consiste en conseguir que un mensaje funcione en otro idioma, para otro público y en otro contexto.

Y para eso hacen falta algo más que diccionarios.

Hacen falta criterio, experiencia y contexto.

Si tienes una traducción pendiente y no sabes exactamente qué necesitas, escríbeme. Podemos valorar el proyecto, resolver tus dudas y encontrar la solución más adecuada.

Nekane Says. Traducción e interpretación con todos los tentáculos puestos en lo que importa: que el mensaje llegue.

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